Esta mañana nada más levantarme no podÃa quitarmelo de la mente.
Ellos al levantarse ese dÃa, como cada dÃa, se levantaron temprano para poder llegar puntual a la capital. Como cada dÃa cogieron el mismo tren. Cientos de personas tenÃan la misma odiosa rutina, a nadie le gustaba tener que ir a esas horas a la gran ciudad. Sin embargo alli estaban, como pudieramos haber estado cualquiera de nosotros, pero fueron ellos los elegidos. Mártires de nuestro tiempo, inocentes muertos por nuestra libertad.
Pensaba en la locura. El dolor sin sentido de los familiares y amigos de aquellas personas que ayer no volvieron. En las llamadas perdidas de móviles entre los escombros. En las vueltas infernales por la ciudad recorriendo hospital por hospital intentando conseguir una respuesta y recibiendo tan solo la propia desesperación de las demás personas que también buscaban a sus seres queridos.
Me pongo en su lugar. Pensaba en el miedo de perder a lo que más quiero y quedarme sola en el mundo.
Y no podÃa aceptar que de repente tantos sueños quedaran rotos y tantas historias sin un final. Porque aunque final fue, no fue el elegido y para mi no cuenta. No debe de haber nada peor para una persona que no poder elegir su final.