Bueno, nada mejor para hacer el día de mi cumple que ir de ruta a los Pirineos. La verdad es que fue un fin de semana redondo y como siempre nos quedaron con ganas de quedarnos más. Pero hay que dosificarse y dejar un poco para el resto del verano. Seguro que volvemos.
A la salida el sábado por la mañana todo parecía incierto. Unos nubarrones amenazaban con tormenta y todo apuntaba hacia Blanes, así que nos fuimos corriendo en dirección a Lleida. Yo hubiera preferido ir por el Túnel del Cadí, pero bueno, todo hay que probarlo no? sin duda parecía que así nos libraríamos de la lluvia.
Cuando salimos de Barcelona nos cayeron cuatro gotas, pero el aire seco del asfalto enseguida nos seco las viseras. Por todo el camino de la costa íbamos viendo grupos de motoristas con Harleys de Inglaterra, Holanda, Italia. Su aparente optimismo y porte sobre la moto parecía indicar que poco les importaba a ellos las cuatro gotas o el chaparrón que pudiera caerles.
Cyteck decidió que sería interesante pasar por los pueblos en vez de coger la autopista. Pasamos por San Feliu, y allí nos aburrimos como una ostra. Una ciudad industrial y una gran carretera central con semáforos que nos hicieron perder como mínimo 15 minutos, porque por mucho que intentaras evitarlos siempre se te ponían en rojo.
Salimos y seguimos por la N-II que tiene un tramo de autovía. Había llovido, pero seguíamos con suerte, lo bueno ya había pasado. De la carretera que quieres que te diga, fantástico para enlatados, pero aburridísima para los moteros. Viento y por suerte estaba nublado y no hacía mucho calor. A parte apestosa, porque los camiones de cerdos que iban por ahí no veas los kilómetros de pestazo que dejaban tras de sí. Para colmo, a la llegada de Lleida hay porqueras por todas partes. Mira prefiero las vacas a los cerdos. Los cerdos huelen a urinario público.
Y así llegamos a la ciudad de Lleida. Allí ya lucía el sol y ¡no veas como picaba! Lo primero fuimos a tomar unas obligadas cervezas y después nos fuimos a una brasería y comimos estupendamente. No pueden faltar unos �cargols a la llauna� (caracoles), que es la forma típica de cocinarlos allí.
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